SEFORIA (Cruzadas - Con quistas de Saladino)

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La Batalla de Seforia tuvo lugar entre los cruzados de Gerardo de Ridefort y las tropas de Saladino el 1 de mayo de 1187.
Saladino (Salah al-Din), entonces con 50 años, reinaba desde 1174, año de la muerte de Nur al-Din, rey de Alepo y Damasco. Su objetivo en aquel momento era recuperar Tierra Santa de manos de los cristianos.
Astuto diplomático y brillante estratega, Saladino firmó treguas a diestro y siniestro con distintos señores cristianos, como Raimundo III de Trípoli, por entonces en desacuerdo con Guido de Lusignan, rey de Jerusalén, a cambio de su protección sobre el “reino” de Galilea. De este modo sacó partido de las luchas intestinas que se multiplicaban en el reino de Jerusalén.
Raimundo III de Trípoli intentó que Isabella de Jerusalén fuera la reina en vez de Sibila. Pero Jocelin III de Courtenay, conde de Edesa, tras alejar a Raimundo de Trípoli –de quien había obtenido la regencia-, consiguió reunir a los barones y lograr el apoyo de Gerardo de Ridefort, Reinaldo de Chatillon y otros nobles.
A principios de 1187, el caballero Reinaldo de Châtillon atacó una caravana de mercaderes que iba de El Cairo a Damasco y que tenía derecho al libre paso, aunque excesivamente armada. Hay que decir que Reinaldo de Châtillon, antiguo Príncipe de Antioquía y actual señor de Transjordania, era quien más osaba atacar a Saladino, tanto en el campo de batalla, como en Montgisard como haciéndole la guerra del corso en el Mar Rojo poniendo en duda que este fuera el Protector de los Santos Lugares musulmanes. Saladino no tardó en exigir la devolución de los bienes contenidos en la caravana y la liberación de los prisioneros. Reinaldo se negó y se obstinó en la negativa incluso cuando intervino Guido de Lusignan para que se efectuase la devolución. Saladino movilizó entonces a sus tropas de Siria, juró la muerte de Reinaldo y se puso en camino el 18 de marzo de 1187, asolando de paso las regiones que atravesó, como Galilea.
Saladino obtuvo la autorización de Raimundo de Trípoli para atravesar Galilea. Al mismo tiempo, el 30 de abril de 1187, una delegación de reconciliación enviada por el rey de Jerusalén fue al encuentro de Raimundo de Trípoli para negociar. Dicha delegación estaba formada por Josías, arzobispo de Tiro; Balián de Ibelin; Reinaldo de Sidón; Gerardo de Ridefort, maestre del Temple, y Roger des Moulins, maestre de los Hospitarios. Ambas fuerzas se encontraron cerca de Seforia en un momento en que sólo estaban presentes los dos maestres de los Templarios y Hospitalarios.
Pese a los consejos de Roger des Moulins y de los que había dado Raimundo de Trípoli, que sugerían refugiarse en una fortaleza –el segundo había recibido de Saladino garantías de que durante su incursión por la Baja Galilea no atacaría las fortalezas donde se hubiesen refugiado los habitantes-, Gerardo de Ridefort cabalgó hasta Nazaret, convocó a todos los Templarios que encontró, y con 150 hombres, 90 de ellos templarios, incluidos el mariscal del Temple y el maestre del Hospital, se lanzó al choque contra la caballería enemiga que en total sumaba siete mil hombres. El desastre fue evidente, y cuando Balián, que se había separado del grupo para visitar Samaria, alcanzó el lugar de la batalla no halló más que cuerpos decapitados. Sólo Ridefort y otros dos caballeros lograron salvarse, aunque, eso sí, infringiendo los templarios fuertes bajas a los sarracenos)
Raimundo de Trípoli, al ver pasar bajo los muros de su ciudad, Tiberíades, a las tropas de Saladino con las cabezas de los cristianos en las puntas de sus lanzas, hizo de inmediato las paces con Guido de Lusignan. Roto el pacto con Raimundo de Trípoli, Saladino puso sitio a Tiberíades, de la que tomó la ciudad baja mientras Eschiva, esposa de Raimundo de Trípoli –ya que éste se había unido al ejército que estaba reclutando Guido de Lusignan-, se atrincheraba en la ciudadela. El intento de los cristianos de recuperar Tiberíades dio lugar a la batalla de Hattin, el 4 de julio de 1187.
ANÁLISIS.
La batalla es un típico ejemplo del principio divide y vencerás, Saladino aprovechó las rencillas entre los diferentes reinos y señores en Tierra Santa conocedor de que su unión era la clave para resistir sus ataques y recibir ayuda desde Europa. Veía además reforzar su prestigio entre su pueblo, era señor de todas las tierras que rodeaban a los cristianos, en aquel momeo Siria y Egipto.
Reinald de Chatillón pretendía minar este prestigio en medio del caos que había entre los cristianos, no podía enfrentarse a Saladino directamente, pero si podía hacer una guerrilla que tenía mucho de bandidaje.
COMENTARIO (REINALD de CHATILLON)
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Reinaldo de Châtillon (c.1125 - 4 de julio de 1187) fue un caballero francés que no participó en la Segunda Cruzada, y permaneció en Tierra Santa tras el fracaso de la misma. Fue príncipe de Antioquía de 1153 a 1160, gracias a su matrimonio con la heredera del principado.
Era un hijo segundón de Enrique, señor de Châtillon, descendiente de una familia de la nobleza media de Champaña, a la que también perteneció Eudes de Châtillon, papa Urbano II. Se unió a la Segunda Cruzada en 1147 para buscar fortuna. Entró al servicio de Constanza de Antioquía, cuyo primer marido había muerto en 1149, y se casó con ella en secreto en 1153, sin consultar al señor feudal de Constanza, el rey Balduino III de Jerusalén. Ni Balduino ni Aimery de Limoges, Patriarca Latino de Antioquía, vieron con buenos ojos el matrimonio de Constanza con un hombre de linaje inferior. Gracias a este matrimonio, Reinaldo se convirtió en príncipe de Antioquía.
En 1156 Reinaldo, arguyendo que el emperador bizantino Manuel I Comneno no había cumplido su promesa de pagarle cierta cantidad de dinero, decidió como represalia atacar la isla de Chipre. El Patriarca Latino de Antioquía se negó a sufragar los gastos de la expedición. Reinaldo lo hizo torturar y después ordenó que se le desnudase, se le cubriesen las heridas de miel y se le dejase al sol. Después de un día de sufrir este tormento, el Patriarca aceptó financiar la expedición a Chipre. Las fuerzas de Reinaldo devastaron la isla, saqueando y violando.
Como consecuencia, el emperador Manuel I Comneno emprendió la marcha hacia el principado de Antioquía. Enfrentado a una fuerza muy superior, Reinaldo optó por humillarse: descalzo y andrajoso, suplicó públicamente el perdón del emperador, postrándose ante él. En 1159 se le obligó a pagar tributo a Manuel como castigo por su ataque, y se comprometió a aceptar un Patriarca griego de Antioquía. Cuando Manuel visitó Antioquía al año siguiente para encontrarse con Balduino III de Jerusalén, Reinaldo entró en la ciudad conduciendo de la brida el caballo de Manuel, expresando así su sumisión al emperador.
Poco después, en 1160, Reinaldo fue capturado por los musulmanes durante una expedición de saqueo contra los campesinos sirios y armenios de Marash. Estuvo confinado en Alepo durante diecisiete años y sólo fue liberado cuando se pagó la extraordinaria suma de 120.000 dinares de oro, en 1176. Reinaldo regresó de su cautividad más ambicioso y sediento de sangre que nunca. Puesto que su esposa, Constanza. había muerto en 1163, y su hijastro había heredado el principado, contrajo matrimonio con otra viuda rica, Estefanía de Milly, viuda de Hunfredo III de Torón y de Miles de Plancy, y heredera del señorío de Transjordania, incluyendo los castillos de Kerak y Montreal, al sudeste del Mar Muerto. Estas fortalezas controlaban la ruta de las caravanas entre Egipto y Damasco, y permitían el acceso al Mar Rojo. Se hizo famoso por su crueldad, pues a menudo despeñaba a sus enemigos desde lo alto del castillo para que se hicieran pedazos con las rocas que había al pie de la fortaleza.
En noviembre de 1177, a la cabeza del ejército del Reino de Jerusalén, derrotó a Saladino en la batalla de Montgisard. Saladino escapó por poco a la muerte. En 1181, violando la tregua que se había firmado entre cristianos y musulmanes, se dedicó a asaltar las caravanas árabes que pasaban por las cercanías de Kerak. Aunque Saladino exigió al rey de Jerusalén que castigase a Reinaldo, Balduino IV se confesó impotente para controlar a su vasallo. El resultado fue el reinicio de las hostilidades entre cruzados y musulmanes. Reinaldo llevó sus depredaciones hasta el Mar Rojo, atacando los barcos que transportaban a los musulmanes que peregrinaban a La Meca, y llegando incluso a saquear la ciudad de Al-Adil I, en las cercanías de Medina. Saladino juró que acabaría con Reinaldo con sus propias manos. Ese mismo año, el sultán atacó Kerak, mientras se estaba celebrando en el castillo el matrimonio del hijastro de Reinaldo, Hunfredo IV de Torón, con Isabel de Jerusalén. El sitio fue levantado gracias a la intervención de Raimundo III de Trípoli, y Reinaldo pudo volver a estar tranquilo hasta 1186.
Ese mismo año se alió con Sibila y Guido de Lusignan contra Raimundo III de Trípoli, y su influencia contribuyó a lograr el reconocimiento de Guido como nuevo rey de Jerusalén en detrimento del conde Raimundo. También en 1186 Reinaldo atacó una caravana en la que viajaba la hermana de Saladino, rompiendo así la tregua que se había establecido entre el sultán y los estados cruzados. Aunque Guido le reprendió por su acción, intentando así apaciguar a Saladino, Reinaldo replicó que era señor de sus propias tierras y que él no había firmado la paz con los musulmanes.
En 1187, Saladino invadió el reino de Jerusalén y derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin. Tanto Reinaldo como el rey Guido fueron hechos prisioneros en la batalla. El cronista Imad al-Din refiere lo que ocurrió a continuación (en las crónicas árabes Reinaldo es llamado Arnat):
Salah al-Din invitó al rey a sentarse a su lado y, cuando entró Arnat, lo instaló cerca de su rey y le recordó sus fechorías: “¡Cuántas veces has jurado y luego has violado tus juramentos, cuántas veces has firmado acuerdos que no has respetado!”. Arnat le mandó contestar al intérprete: “Todos los reyes se han comportado siempre así. No he hecho nada más de lo que hacen ellos.” Mientras tanto, Guido jadeaba de sed, cabeceaba como si estuviera borracho y su rostro traslucía un gran temor. Salah al-Din le dirigió palabras tranquilizadoras y mandó que le trajeran agua helada que le ofreció. El rey bebió y luego le tendió el resto a Arnat que apagó la sed a su vez. El sultán le dijo entonces a Guido: “No me has pedido permiso antes de darle de beber. No estoy obligado, por tanto, a concederle la gracia. Tras haber pronunciado estas palabras, el sultán salió, montó a caballo y luego se alejó, dejando a los cautivos presa del terror. Supervisó el regreso de las tropas y luego volvió a su tienda. Una vez allí, mandó traer a Arnat, avanzó hacia él con el sable en la mano y lo golpeó entre el cuello y el omóplato. Cuando Arnat cayó al suelo, le cortaron la cabeza y luego arrastraron su cuerpo por los pies ante el rey, que se echó a temblar. Al verlo tan impresionado, el sultán le dijo con tono tranquilizador: “Este hombre sólo ha muerto por su maldad y su perfidia”. (1)
Al rey Guido se le perdonó la vida. Estuvo prisionero en Damasco durante un tiempo, y luego se le dejó en libertad.
Reinaldo y Constanza tuvieron dos hijas: Agnes, que contrajo matrimonio con el rey Bela III de Hungría, y Alix, que casó con Azzo V d’Este.
En la película de 2005 El reino de los cielos (Kingdom of Heaven) el personaje de Reinaldo de Châtillon fue interpretado por el actor Brendan Gleeson.
(1) Citado en Amin Maalouf: Las cruzadas vistas por los árabes (Madrid, Alianza Editorial, 2005); pp. 270-271
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2 a 16 de octubre de 1187
2 de septiembre de 1191
Agosto de 1189 a julio 1191